domingo, 22 de enero de 2017

El atardecer.

Al momento que abrí los ojos pude ver el techo de el cuarto, todo de color gris. Quise levantarme de la cama en la cual estaba echado, pero todo el cuerpo me dolía y tenía algunos tubos conectados a mi brazo, unos sensores pegados al pecho. Por lo que me quedé sentado, pensando donde estaba.

Escuché la puerta abrirse y, tras la pequeña cortina media azulada que había en el cuarto una chica se apareció, al instante en que me vio salió corriendo por donde había venido. No entendía que era lo que pasaba. Me di cuenta que había una ventana en el cuarto que, poco a poco se tornaba un poco naranja-rojizo. Sentado ya en la cama pude ver la parte afuera del cuarto, estaba en un lugar alto y un parque estaba solo al cruzar la calle. El sol, apenas tapado por las nubes hacia que todo el cielo se volviese medio naranja. Una gran cantidad de pasos sonaban en el pasillo y la puerta volvió a abrirse, pero esta vez se escuchó como si la hubieran tirado con fuerza, ahora un señor de algo de edad estaba adelante, detrás de él dos chicas (una de ellas era la que había visto antes).

- Informen a la familia que se ha despertado - dijo el señor de edad vestido de blanco, quién ahora examinaba un papel que había estado colgado en la cama.
- Disculpe - le dije - ¿Puede decirme donde estoy?
- Estas en un hospital - me dijo sin quitar la vista de la hoja - en el Hospital Rebagliati.

Hizo una pausa para colocar el papel donde había estado y luego me dijo:
-¿Sabes quién eres?
- ¿Yo? - le respondí - pues.... no. ¿Debería recordarlo?
- Podrías intentarlo, si. - me respondió y me mostró una sonrisa amigable - simplemente no te frustres si no lo haces. Yo soy el doctor Díaz, mucho gusto.

El doctor se acercó a la máquina que estaba al lado de la cama y se quedó revisandola.
De nuevo varios pasos se escucharon en el pasillo y de pronto 4 personas estaban paradas frente a mí. Una señora con una cartera, dos jóvenes que vestían ropa casual uno muchisimo mayor que el otro y una chica que tenía unos ojos llorosos y se mordía los labios tratando de aguantar algo.

- ¿¡Gabriel!? - gritó la señora, acto seguido se acercó y me abrazó - ¡Oh mi Gabriel! ¡Mi niño!
No entendía lo que estaba pasando, miraba a los 3 chicos que no se habían movido para nada y ellos me miraban también, ahí fue cuando el mayor de los chicos habló.
-Mamá, suéltalo - le dijo, en un tono frío.
- ¿Cómo puedes decir eso? - le respondió la señora
- Él no sabe quién eres - respondió sin quitarme los ojos de encima - sino míralo.

La señora me soltó de sus brazos, ahora en su rostro se notaba una preocupación y tristeza enorme.

-Disculpeme - le dije, con una voz algo nerviosa - no sé... quienes son ustedes.

La chica no aguantó más y salió del cuarto llorando, el otro chico más joven salió tras ella. El otro chico fue donde la señora a abrazarla y a apartarla de mi, el doctor salió un rato para hablar con ellos. Después de unos minutos el doctor y este chico volvieron al cuarto.

- ¿E-esta bien la señora? - pregunté algo titubeante.
- No te preocupes, no es tu culpa - dijo el doctor y le dio pase para que el chico hable, dejándonos solos a los dos en la habitación del hospital.
- Gabriel, ¿no me recuerdas? - me preguntó
- No, lo siento - le respondí - ¿Mi nombre es Gabriel?
- Así es - me dijo sonriendo - Yo me llamo Fernando, soy tu hermano mayor.



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